viernes, 15 de noviembre de 2013

HISTORIA DEL CAIMAN CIENAGUERO Y TOMASITA


Esta fiesta la celebran los fundanenses los 20 de Enero, en los precarnavales

Por: Edgar Caballero Elías.-





Registra la historia que 1600 años antes de la llegada de los conquistadores ya nuestros aborígenes adoraban al caimán. Los pueblos primitivos tenían gran respeto y admiración con determinados animales de la región donde vivían, considerándolos unos dioses o héroes; así ocurría con nuestros nativos que le rendían culto al caimán, que abundaba en los cenagales, caños y pantanos de la región, sacrificándole niños porque se tenía la creencia que al morir su alma tenía el privilegio de ir directamente al Cielo, que le ocasionaba una mezcla de alegría y tristeza, con cierta complacencia de felicidad que les proporcionaba el caimán que se la comió. Otros, por ejemplo, le atribuían cierta nobleza al León, al Tigre o al Águila.

Aquellos rituales, fábulas y mitos, al doblar los años y los siglos y los cambios culturales, se fueron mezclando perdiendo su carácter mitológico y sus costumbres de fúnebre remomeración, para dedicarse por entero a la bien empleada misión de entusiasmar y divertir, conformándose de una manera rudimentaria la historia de esta danza, tomada musicalmente por Eulalio Meléndez (músico cienaguero 1841-1916)
¿Dónde y cómo sucedió la tragedia de Tomasita?

Aún se discute el lugar de aquella tragedia. Hay quienes dicen, por ejemplo, que ésta ocurrió en el Caño de San Luis, un antiguo brazo del desaparecido Puerto de Las Mercedes, cuando su madre se distrajo mientras lavaba la ropa. Este caño recibe su nombre de un pescador llamado Luis Santamaría, que se caracterizaba por salir a pescar solo y se molestaba cuando otro pescador entraba allí a pescar o a cortar leña, creyendo suyo el lugar. Era un caño bastante peligroso por la cantidad de caimanes que allí habitaban, por lo que lo consideraban también protegido por el nombre de su santo porque nunca le pasaba nada.

‘El Rincón de Cachimbero’, como también se le conocía y que para algunos fue donde el caimán se llevó a Tomasita, era una ensenada que quedaba al oriente de Pueblo Viejo donde estaba la Iglesia, tragada por el mar, al norte del Colegio de Bachillerato San José. Esa ensenada, partiendo de Las Mercedes hacia el norte tenía una longitud de casi dos kilómetros y allí quedaba el retén de los guardas departamentales por donde pasaban las mujeres de Pueblo Viejo con el platón en su cabeza para vender el pescado en Ciénaga.

Algo muy típico tenía entonces Pueblo Viejo y era su mercado público en la plaza del pueblo. Desde las primeras horas de la noche comenzaban a establecerse puestos de ventas allí con vendedores que llegaban de Ciénaga y otros arrimaban al lugar procedente de las riberas del Río Magdalena. Después de las doce terminaba este mercado emprendiendo los de Ciénaga, viaje de regreso portando el pescado y los mariscos, marchando por toda la orilla del mar, descalzos y arremangados hasta las rodillas.

En 1918, el Puerto de Ciénaga, entonces inhabilitado, fue canalizado por el Alcalde Manuel Linero Castillo y se llamó Puerto Nuevo o Puerto del Carmen en el Barrio El carmen, que algunos confunden con el Puerto de Las Mercedes, de Pueblo Viejo, o con ‘Puerto Cañón’ que quedaba en el mercado de Ciénaga. Entonces, aquellos lugares como ‘Cachimbero’, ‘El Caño de San Luis’ y el otro denominado ‘Caño e’ Loro’, adyacentes al Puerto de Las Mercedes y pertenecientes todos a Pueblo Viejo, fue donde gravitó la famosa leyenda del caimán.

Una de las referidas versiones de esta historia cuenta que allá llegaría por casualidad un 20 de enero, día de San Sebastián, una joven madre de apellido Bojato o Badillo a lavar al ‘Caño e’ Loro’, lugar donde tenía su hábitat un enorme caimán en compañía de sus hijas. Muchas fueron las recomendaciones de esta madre para la hija mayor a fin de que tuviera cuidado con la pequeñita por temor al caimán. Por eso, cuando posteriormente se creó en Pueblo Viejo, la danza del caimán, sus primeros versos fueron:

“Mijita cuida a tu hermana
que yo me voy a lavá
que por ahí anda el caimán
que se la puede llevá.”

Cuando su madre termina de lavar, al regresar y no ver a la niña, le pregunta a la mayor:

“Mijita, ¿dónde está tu hermana
que ya vengo de lavá
y traigo los pechos llenos
para darle de mamar?”

…ella llorando le contestó:

"El caimán se la llevó…
el caimán se la llevó.”

Entonces la desconsolada madre empieza a gritar angustiada:

“A qué santo clamaré
para salvar a mijita
si a San Juan Evangelista
o al Patriarca San José”

La tragedia de Tomasita

Ante los pedidos de auxilio todos salen armados de arpones a perseguir el caimán. Era una danza que sacaban en carnaval y que se bailaba entre hombres armados con simuladores de arpones, representando lo que significaba la danza: La cacería del caimán. A la cabeza de la danza iba el caimán bailado con destreza por uno de sus danzantes, que era el que llevaba la voz cantante que siempre era un buen improvisador. Musicalmente aquella danza, distinta también en su coreografía y vestimentas, se acompañaba con tambor, pito atravesao y guacharaca. Los versos, cantados en décimas, octavas y cuartillas inspirados siempre en cosas jocosas y reales, mostraban la originalidad de aquel baile.

Con el tiempo Ciénaga creó su conjunto folclórico, copió la danza del caimán de Pueblo Viejo, la incorporó y la adaptó a su folclor variando el formato musical reemplazándolo por el acordeón y el clarinete, modificando la coreografía y los versos, hoy cantados en cuartillas. Le dio su importancia a la mujer al integrarla a su danza, pudiendo así mostrar la alegría y creatividad del pueblo cienaguero y finalmente le fabricó su leyenda que fue producto de la fantástica imaginación creadora del siempre recordado amigo y folclorista Darío Torregroza Pérez, dándole vida a su historia, siendo indiscutiblemente la suya, la más clara y precisa de cuantas leyendas se han escrito: la del Puerto de Las Mercedes, pasando a ser Ciénaga así, la casa de esta ilustre y emblemática fiesta, que hoy nos identifica en el país.

Según su relato, la tragedia se originó en este antiguo atracadero un 20 de enero, cumpleaños de Tomasita, hija de Miguel Bojato y Ana Carmela Urieles, que habitaban en ‘Cachimbero’.

Cuenta la leyenda que para el festejado cumpleaños Ana Carmela salió a hacer las compras con sus hijas Tomasita y Juanita en una de las tiendas de Las Mercedes y se distrajo mientras sus hijas jugaban a la orilla del caño sin percatarse que el caimán las observaba detenidamente, aguardando pacientemente atrapar a una de ellas y arrastrarla al fondo de las turbulentas aguas, al primer descuido que se aproximaran a él.

A escasa distancia de la niña, la superficie de las aguas de Las Mercedes se rompía ligeramente. De repente, sin aparente motivo, la superficie vuelve a parecer completamente plana como un espejo.

No sabían las inocentes niñas que cuando el caimán desaparece de vista es cuando más peligroso es, y nadie, absolutamente nadie, está seguro ni dentro del agua ni en la orilla, ya que es un ondulante torpedo que se desplaza con gran agilidad por entre los matorrales y viejos troncos sumergidos que ruedan entre el agua con apariencia inofensiva, y aquel caimán no deambulaba al azar.


Tomasita y Juanita seguían allí jugando a la orilla de las aguas de Las Mercedes sin darse cuenta que las acechaba uno de los más peligrosos predadores de los cenagales. De pronto, los ojos del caimán desaparecieron de la superficie de las aguas de aquel puerto: ya el maldito había decidido su destino. Poco después, de nuevo, sus ojos sobresalen entre las redondas y grandes hojas flotantes más cercanas a la orilla impidiendo ser visibles. Se acercaba lento y silencioso, y sus ojos fijos en aquella criatura… en la tierna e inocente Tomasita.

De repente, la tranquilidad del ambiente desaparece. La superficie del agua abruptamente se rompe en la orilla y Tomasita, la inocente niña que jugaba a orillas de aquel tenebroso lugar de Las Mercedes, trata de correr en desesperado intento para salvarse, pero todo es inútil. Todo fue en un abrir y cerrar de ojos. Sobre el agua sus ojos son esenciales para atacar y se les escapa muy pocas cosas, aún en la oscuridad.

Dos enormes mandíbulas armadas con unos dientes puntiagudos y poderosos salen del agua y hacen presa fácil en la tierna niña, que en un instante desapareció bajo la superficie cuando el maldito caimán dio un brusco giro… y se sumergió con ella para siempre.

Pedro Mendoza Guardiola, autor de poesías y versos a la leyenda del caimán, además de acucioso conocedor del folclor, refleja su sensibilidad con el querer y sentir del pueblo, cuando con rabia y sentimiento de dolor le reclama así al maldito en uno de sus más bellos y hermosos versos:

“Dime caimán: ¿por qué hiciste
esa injusticia con ella?
como la viste tan bella,

¿por eso te la comiste?

Después que Tomasita desapareció entre las turbulentas y oscuras aguas de aquel caño, donde muchos salieron presurosos en encontrarla viva, no quedando una pulgada de aquel puerto que no se registrara siendo todo inútil, fue cuando Ana Carmela empezó a gritar enloquecida al recibir la noticia de la pérdida de su hija, mientras sus amigas trataban de calmarla acompañándola en su dolor hasta el rancho en ‘Cachimbero’, donde ellos vivían.

El viejo Miguel, ignorante aún de la noticia, continuaba festejando el cumpleaños de Tomasita. De pronto, en medio de aquel jolgorio, apareció la muchedumbre llorando y la fiesta entonces de la alegría pasó a la confusión y pánico… y se transformó en tormento.

El padre de la niña al ver a Juanita sola, corrió y la abrazó alarmado y le preguntó, como adivinando la máxima tragedia, sin saber que aquella se fuera a convertir más tarde en un pedazo del folclor colombiano:

“¡Ay! Mijita linda, ¡dónde está tu hermana!”
Y la niña llorando le contestó:

“El caimán se la comió, papá… ¡El caimán se la comió!”

La leyenda del caimán, como toda leyenda, llenas de contradicciones y sentimientos, es una parte fundamental de nuestro pasado y presente que tiene sus antecedentes en la tradición oral, fábulas y mitos, que surgen de una historia pueblerina contada por alguien, que se repite siempre en distintas formas y dependiendo muchas veces también, de nuestro interés y conveniencias. No obstante, las leyendas hay que contarlas, mostrarlas y difundirlas, así sea cada quien a su antojo, forma y estilo, pero sobre todo, recrearlas en toda su riqueza y colorido folclórico.

EL HOMBRE CAIMÁN DE PLATO

Existe otra historia relacionada con este reptil y es la Hombre Caimán de Plato. Es una leyenda que trata de la historia de un hombre cuya pasión por espiar a mujeres desnudas lo condenó a quedar convertido en un ser con cuerpo de caimán y cabeza humana. Se desarrolla en la población rivereña de Plato

En Plato se celebra anualmente el Festival del Hombre Caimán. También existen una plaza y un monumento en su honor que son patrimonio cultural de la población. La leyenda del Hombre Caimán quedó inmortalizada en la canción "Se va el caimán" de José María Peñaranda.

Cuentan que hace mucho tiempo existió un pescador muy mujeriego que tenía por afición espiar a las mujeres plateñas que se bañaban en las aguas del río Magdalena. Previendo que podría ser descubierto entre los arbustos, se desplazó a la alta Guajira para que un brujo le preparara una pócima que lo convirtiera temporalmente en caimán, para así no despertar sospechas entre las bañistas y poderlas admirar a placer. Al cabo de su observación, otra pócima, aplicada por un amigo suyo, debía retornarlo a su estado humano. El brujo le preparó las dos pócimas, una roja que lo convertía en animal, y otra blanca que lo volvía hombre de nuevo.

Saúl disfrutó de algún tiempo de su ingenio, pero en una ocasión, el amigo que le echaba la pócima blanca no pudo acompañarlo. En su lugar fue otro que, al ver el caimán, se asustó al creer que era uno verdadero y dejó caer la botella blanca con el preciado líquido. Antes de derramarse completamente, algunas gotas del líquido salpicaron únicamente la cabeza de Saúl, por lo que el resto de su cuerpo quedó en forma de caimán. Desde entonces, se convirtió en el terror de las mujeres, que no volvieron a bañarse en el río.

La única persona que se atrevió a acercársele después fue su madre. Todas las noches lo visitaba en el río para consolarlo y llevarle su comida favorita: queso, yuca y pan mojado en ron. Tras la muerte de su madre, que murió de la tristeza por no haber podido encontrar al brujo que había elaborado las pócimas porque había muerto, el Hombre Caimán, solo y sin nadie que lo cuidara, decidió dejarse arrastrar hasta el mar por el río hasta Bocas de Ceniza, como se conoce la desembocadura del río Magdalena en el mar Caribe a la altura de Barranquilla. Desde entonces, los pescadores del Bajo Magdalena, desde Plato hasta Bocas de Ceniza, permanecen pendientes para pescarlo en el río o cazarlo en los pantanos de las riberas.


MONUMENTO AL HOMBRE CAIMÁN EN PLATO 



FESTIVAL FOLCLÓRICO DE LA LEYENDA DEL HOMBRE CAIMÁN

Se inició en el año 1972 y se lleva a cabo anualmente durante el mes de diciembre en el municipio colombiano de Plato, en el departamento de Magdalena. Es organizado por la Fundación Festival Folclórico de la Leyenda del Hombre Caimán. Como evento perteneciente al Nodo Vallenato de la Red Nacional de Festivales de Músicas Tradicionales Colombianas difunde las músicas del Caribe oriental del país.

Es un evento en el que se dan cita las expresiones culturales y folclóricas ribereñas y de la Costa Caribe colombiana con el fin de reafirmar y hacer visible el patrimonio riano.

Durante el Festival se realiza el Concurso de Música de Acordeón en las modalidades Aficionado, Infantil y Canción inédita. Igualmente se premia el Mejor Disfraz del Hombre Caimán y se realizan concursos Anfibios (canotaje y atarraya). Adicionalmente, se realizan actividades como la parada folclórica, la cabalgata, exposiciones, presentación de grupos folclóricos, talleres, conversatorios y foros.

La Leyenda del Hombre Caimán, que da nombre al Festival, es la compilación que hizo el escritor Virgilio di Filippo de unos cuentos de pescadores. El apuesto y joven pescador Saúl Montenegro tenía como afición el ver desnudas a las lavanderas y bañistas que visitaban el Caño de las Mujeres, en Plato, Magdalena. Para poder continuar visitando el caño, y ante la prohibición legal para que los hombres visitaran ese lugar, Saúl Montenegro recurrió al uso de rezos y brebajes que le enseñó y le preparó un indio de la alta Guajira, los cuales lo convertían en Caimán. Un día, la botella que contenía el líquido que lo devolvía a su forma humana se soltó de las manos de su compañero de aventura y se rompió contra una roca. De este brebaje, únicamente unas gotas cayeron en su cara, devolviéndole la faz humana solamente al rostro. Desde ese momento, Saúl Montenegro quedó convertido en un caimán con cara de hombre o en un hombre con cuerpo de caimán.

El Festival es un espacio de convivencia y paz que integra a los municipios de la subregión Chimila y el bajo Magdalena, con la finalidad de defender y proyectar la unidad e identidad cultural de esa zona.













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