sábado, 12 de agosto de 2017

LEO MATIZ: EL FOTÓGRAFO DE CATACA

El fotógrafo de Macondo, Leo Matiz, emprendió en 1940, con tan sólo 23 años, un viaje a pie de Colombia a México que duró un año. Fue un gran cambio e impulso para su carrera.


LEO MATIZ

Natalia Fernández


Si alguien puede presumir de haber capturado la luz de Macondo por primera vez, es Leo Matiz. El fotógrafo nacido en 1917, en el Aracataca, ha seguido el camino que impone la obra “Cien años de soledad” para las almas extraordinarias de esta aldea: reconocimiento, viajes y genialidad creativa. 

La vida de Matiz empezó como en un cuento. Su madre lo parió sobre un caballo, mientras cabalga entre los cultivos bananeros de Aracataca para encontrarse con la partera, y desde ese momento todo parecía encaminarlo hacia las artes (empezando por el Arte surreal). 

A pesar de que su familia fuera profundamente campesina, su sensibilidad por el dibujo y la caricatura afloró muy temprano. A los dieciséis años comenzó su trayectoria publicando sus primeras caricaturas en la revista Civilización, tras varias exposiciones y buscando la oportunidad de salir de su país con la certeza de que su aprendizaje podía enriquecerse con una beca que le permitiera estudiar Bellas Artes y en especial, perfeccionar el ejercicio de la pintura.

Sus primeras fotografías fueron publicadas en 1933 por la revista Civilización. Poco después llegarían sus primeras rondas como reportero gráfico para El Espectador, El Tiempo y la revista Estampa.

Con tan solo 18 años fundó la revista Lauros para después ingresar a la Escuela Nacional de Bellas Artes en Bogotá. Pero su gran objetivo era viajar y lo lograría con 23 años (en 1940): en ese periodo inició un viaje a pie desde Colombia a México que duró un año.

En México entró en relación con notables artistas y escritores, entre ellos el poeta antioqueño Porfírio Barbajacob quien le ayudó a conseguir un trabajo en la revista Así. Con Pablo Neruda participó en una muestra organizada por el poeta chileno.

Más adelante, con el pintor David Alfaro Siqueiros trabajó en el mural “Cuauhtemoc contra el mito”. Sin embargo, la relación terminó mal, al entregarle 500 fotografías del mural, que el muralista utilizó para realizar cuadros sin dar crédito al fotógrafo, por lo que éste le denunció por plagio, y el pintor lo acusó de pertenecer a la CIA y saqueó y prendió fuego al estudio de Matiz, que tuvo que abandonar Méjico.

Decidió ir a Estados Unidos donde se le abrieron las puertas debido a su talento y trabajó para varias publicaciones como Life, Reader's Digest, Norte y otras.

En 1948 Matiz volvió a Colombia como enviado especial para la revista Life a cubrir los trágicos eventos de El Bogotazo en donde resultó herido. La Sociedad de Naciones lo envió como observador especial al Medio Oriente donde fue hecho prisionero y al fin regresó al país para fundar varias galerías como espacios para valorar el talento artístico nacional. Matiz fueuno de los primeros en apoyar las obras del entonces prometedor artista Fernando Botero.

En 1958 se vincula como reportero gráfico de la revista venezolana Momento y cubre junto con Gabriel García Márquez la caída del dictador Marcos Perés Jimenéz. En 1978 vuelve a Colombia y víctima de un robo en Bogotá perdió su ojo izquierdo, hecho que lo obligó a abandonar la fotografía por un tiempo.

De una vida intensa entre su patria y el exterior, conoció personalidades célebres a las que fotografió y recibió múltiples reconocimientos nacionales y extranjeros como el de Caballero de las Artes y las Letras de Francia en 1995.

Vivió sus últimos años en Fusagasugá, Colombia, y murió en 1998 a la edad de 81 años en Bogotá, rodeado de un gran prestigio y afecto por la sencillez de su vida y la admiración de su obra.

Matiz generó imágenes que permitieron fortalecer la labor del fotoperiodista. En la década de 1940 fue considerado como uno de los fotógrafos más importantes del mundo y el más reconocido en Colombia. Su obra muestra las prácticas cotidianas que conformaban la tradición, los viejos pueblos mesoamericanos, los presos, los artistas de cine (María Félix, Dolores del Río, Pedro Armendáriz, Mario Moreno Cantinflas, Esther Fernández), los paisajes, la naturaleza, y fueron captadas con un dominio técnico de la lente que le permitía profundizar en la línea, la sombra, la perspectiva; en posesión de una estética que se fortaleció por sus conocimientos de dibujante, caricaturista y pintor. Así, la composición impecable de sus fotografías cobra relevancia y llega incluso a lo épico.

Leo Matiz es uno de los fotógrafos más versátiles del siglo XX, nacido en Aracataca, Magdalena, logró captar con su cámara Rolleiflex personajes y momentos históricos del mundo y los mejores paisajes de su lugar de origen.



¡Del Magdalena para el mundo! 


Leo Matiz y Gabo


Leo Matiz nació en Rincón Guapo en 1917, un caserío de Aracataca, en tiempos en los que la región luchaba por fortalecer su economía a partir de las exportaciones de banano como base.

El fotógrafo colombiano Leo Matiz es una leyenda viva de la fotografía del siglo XX. Caricaturista, pintor, fotógrafo de cine, actor, publicista, fundador de galerías y medios de comunicación, sintetizan los múltiples oficios a los que Matiz dedicó su vertiginosa vida en el periodismo y las artes.

La exuberancia de los paisajes, la modestia vida de los habitantes de Aracataca y su visión para ver lo especial en cada paisaje, lo convirtieron en un fotógrafo con un lente especial para captar momentos y expresiones históricas.

Por su trabajo ha sido catalogado como uno de los fotógrafos más versátiles y singulares de la legendaria y memorable generación de reporteros gráficos que renovaron la escena del fotoperiodismo durante las primeras seis décadas del siglo XX en América Latina, Estados Unidos y Europa.

La pasión desbordante por la fotografía nació con su viaje a Bogotá durante su adolescencia, lugar al que llegó con el objetivo de laborar en el periódico El Tiempo, época de la que se resalta su actividad en la vida bohemia de los cafés de la ciudad con los pintores y caricaturistas famosos a finales de la década de los 30.

Por exigencia de Enrique Santos Molano ‘Calibán’, abuelo de Juan Manuel Santos, actual presidente de Colombia y hermano del presidente Enrique Santos, Matiz adoptó la fotografía y consolidó en Colombia una reputación de reportero gráfico alerta con las situaciones y en un cazador penetrante del azar y las almas de los personajes captados con su cámara Rolleiflex.

Trascendental y perseverante, además de obsesivo con la perfección en su trabajo de reportero, sus cualidades lo llevaron a viajar por los cinco continentes y volcó su talento igualmente como fotofija en el cine, la fotografía publicitaria, consolidó dentro de su trayectoria haber sido creador de periódicos y fundador de galerías de arte, exhibiendo por primera vez en 1951 al pintor Fernando Botero en la Galería de Arte Leo Matiz.

México, Centroamérica, Estados Unidos, los Andes latinoamericanos, el Caribe, Palestina, Beirut, Tel Aviv y Venezuela, son algunos de los escenarios en los que revoloteó el alma indoblegable y apasionada del fotógrafo Leo Matiz, orientando su mirada hacia lo que Henri Cartier Bresson denominó ‘el momento decisivo’, ese instante irrepetible en el que convergen lo inesperado de la vida humana, una retina capaz de ir más allá de los visible y una sensibilidad extraordinaria para comprender el vértigo de la historia y el drama humano más allá del implacable ritmo de las rotativas de prensa.

La vuelta al mundo en imágenes también llevó a Leo Matiz a realizar travesías inesperadas que lo situaron en situaciones históricas como su llegada a París, precisamente en el corazón de los acontecimientos del país que celebraba la liberación del régimen de ocupación nazi el 24 de agosto de 1944 y que través de su mirada lúcida, penetrante y compasiva convirtió el paisaje urbano de libertad y de embriaguez colectiva en estampas geométricas y caprichosas.

Matiz, sin duda, se sumergió en la atmósfera nocturna y vibrante de la París liberada, perseguido por el fantasma vanguardista de los cronistas gráficos como Robert Doisneau y Brassai que lograron sus mejores obras en la Europa de entreguerras, inspirados en retratar la perturbadora magia nocturna de la ciudad luz con los detalles urbanos de plazas, calles, esquinas y fachadas que la han convertido en el sueño deseable y eterno de nuestra memoria visual.

En 1940 parte hacia México y se vincula a la prensa de ese país como reportero gráfico. Trabajó también para el cine mexicano en los estudios Churubusco al lado de los legendarios fotógrafos Manuel Álvarez Bravo y Gabriel Figueroa. Realizó el primer casting cinematográfico de la actriz María Félix y se convierte en un destacado protagonista de la vida cultural al lado de los pintores Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y Frida Kahlo. Igualmente cultivó en el país azteca una intensa amistad con el bolerista Agustín Lara, los poetas Pablo Neruda y Porfirio Barba Jacob y el escritor colombiano Alberto Zalamea.

En esa misma década las revistas Life y Selecciones del Riders Digest, Look, Harpers Magazine, Norte, Así y las Naciones Unidas lo incluyen dentro de su equipo selecto de enviados especiales para realizar reportajes en Estados Unidos América Latina y el Medio Oriente.

La crítica europea y norteamericana ha reconocido a Matiz como el ‘guardián de la sombra’ de la fotografía latinoamericana, en alusión al acentuado y profundo contraste de luz y sombra en sus estampas, que recogen instantes dramáticos de sus personajes sumergidos en la cúspide del poder o en los laberintos de la marginalidad social.

Leo Matiz fue un auténtico magdalenense y su muerte, ocurrida el 24 de octubre de 1998, lo vinculó de modo definitivo y perdurable, a la memoria visual del siglo XX.


CELEBRANDO SU LEGADO



Leo Matiz ahora tendrá museo en Aracataca, La iniciativa es impulsada y proyectada por la administración departamental para que pueda ser financiada con recursos del Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación del Sistema General de Regalías y entregada a la población de Aracataca en los años venideros.

El museo, que será audiovisual e interactivo, funcionaría en una casa donada por la Alcaldía Municipal. Allí se podrán observar las cámaras y los objetos pertenecientes al fotógrafo, además, servirá como centro cultural apto para conciertos, presentaciones de danza y exposiciones de arte.

“Leo Matiz, un personaje. La verdad, el Magdalena ha dado grandes hombres que nos han dejado un gran legado. Aquí en compañía de su hija, viendo esta exposición, estas fotografías en blanco y negro, expresivas, de este gran fotógrafo, cataquero, magdalenense”, expresó Rosa Cotes, gobernadora del Magdalena.

El acto conmemorativo en la ciudad de Santa Marta contó con la presencia de Alejandra Matiz, hija del maestro y presidente de la Fundación ‘Leo Matiz’ y Miguel Ángel Flórez, biógrafo del artista. Ellos agradecieron que se exalte la obra de este importante fotógrafo magdalenense.

“Las fotos las conocía, pero verlas así proyectadas en el Altar de la Patria, en este sitio, realmente me deja sin palabras. Agradezco mucho al pueblo magdalenense el haber organizado este evento tan lindo. Realmente estoy emocionada y sé que mi padre desde donde esté también les manda muchos cariños, bendiciones y sobre todo, un agradecimiento por este gran homenaje”, afirmó Alejandra Matiz.

Durante el acto conmemorativo autoridades locales y regionales e invitados especiales apreciaron una exposición, con más de 120 fotografías proyectadas en el Altar de la Patria, las cuales reflejan el legado estético y humanístico de Leo Matiz.

La muestra audiovisual, preparada desde hace varios años, con la recopilación de su obra, se consolidó a través del siglo XX, como una de las obras fotográficas más diversas y originales de la modernidad visual en América Latina y el mundo. Los asistentes también disfrutaron de actividades culturales en homenaje al artista nacido en Aracataca el 1° de abril de 1917.

“Esta vida y obra de Matiz va a ser divulgada en todos los colegios del departamento del Magdalena durante todo el año 2017 y va a quedar organizado también para los años venideros. Es por esto que se está celebrando, conmemorando, apropiando, valorando y multiplicando todo ese patrimonio fotográfico que dejó el maestro Matiz”, indicó Fidel Vargas, jefe de la Oficina de Turismo Departamental.

PARA TENER EN CUENTA

Leo Matiz con su cámara en bandolera ha construido un poderoso mural de su época a través de una mirada crítica y de una sensibilidad abierta al impacto de las cosas nuevas. En su indoblegable curiosidad de fotógrafo su lente fijó para nuestra memoria gestos a instantes de múltiples personajes de la política y la cultura. En el álbum íntimo de su arte los retratos de Frida Kahlo, Luís Buñuel, las actrices María Félix, Dolores de Río, Janice Logan, Esther Williams, el trompetista Louis Armstrong, el torero español Manolete, el poeta chileno Pablo Neruda y el pintor ruso Marc Chagall, conforman una sugestiva galería de rostros que hoy se imponen a pesar del implacable paso del tiempo como poderosos destellos que iluminan el frágil veto de nuestra memoria.


Fotos de Leo Matiz en en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos


Vendedor de periódico, de 1960, una de las fotos emblemáticas de Matiz


Detalles de una gestión cultural que resalta el valor del artista colombiano en el exterior. El viernes 7 de abril del 2017 se hizo entrega, en la división Hispánica de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, de cuatro fotografías de Matiz que entraron a formar parte de una de las colecciones más extensas del mundo.

Macondo. Luces. Sombras. Centenario. Se reveló un diálogo en imágenes y palabras entre siete generaciones de la familia Buendía con las imágenes captadas por la lente de un gran artista de la fotografía. Esta actividad realizada en conjunto entre, la Fundación Leo Matiz, Trashumante y la Embajada de Colombia en Washington, curó 20 fotografías que fueron exhibidas el pasado 6 de abril en la residencia del Embajador de Colombia en Estados Unidos, como homenaje a dos grandes nacidos en Aracataca y la conmemoración de medio siglo de la primera edición de Cien años de soledad.

Hasta ese momento ya había muchos motivos de orgullo por tener a Leo Matiz y a García Márquez, dos cronistas de Macondo en el mismo escenario. Sin embargo, esta historia de gestión cultural llegó hasta la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, donde el gran artista nacido en 1917, ingresó a formar parte de una colección de talla universal.

Mis impresiones sobre un momento brillante para el arte colombiano. El viernes 7 de abril en la mañana visitamos la división Hispánica de la Biblioteca del Congreso para hacer entrega de las cuatro fotografías de Matiz que entraron a formar parte de una de las colecciones más extensas del mundo. La biblioteca consta de tres grandes edificios que albergan mas de 37 millones de libros y aproximadamente 158 millones de documentos.

El viento alrededor de estas monumentales construcciones es helado, no parecía la primera semana de abril. El frío postergó para la próxima primavera el espectáculo de las flores de los árboles de cerezo, tan características del paisaje de esta ciudad, que aparece como una lluvia de flores color rosa.

Al entrar en el Edificio Jefferson prácticamente uno se queda sin aliento. El hall de entrada nos recibe con una vitrina de una de las tres Biblias de Gutenberg en perfecto estado que se conocen en el mundo. Representa el primer libro impreso con tipos móviles de metal (1455) es un símbolo de la transición de la Edad Media hacia el mundo moderno y un “inmenso paso en la emancipación de la mente humana”.

Del otro lado, una vitrina con la Biblia Gigante de Mainz que representa la culminación de cientos de años de transcripción de textos a través del manuscrito, escrita durante quince meses y finalizada en 1453.

Catalina Gómez es nuestra anfitriona, especialista en Artes Visuales y Literatura Latinoamericana, con Maestría en Cultura Visual, trabaja para la división Hispánica y tiene, entre otras, la interesante tarea de proponer la adquisición de piezas que merezcan el honor de entrar en una colección que está a disposición del público.

El Gran Vestíbulo del Edificio Thomas Jefferson se construyó en estilo del renacimiento italiano, tiene dos plantas y unas impresionantes escaleras. En la entrada nos encontramos con Alejandra Matiz Directora de la Fundación Matiz con sede en México y en Bogotá, y Soledad del Río, una curadora que la acompaña para no perderse este reconocimiento. Nuestra anfitriona nos llevó hacia el recinto exclusivo de la colección y sala de lectura de Latino América, España y Portugal. En el camino miramos maravillados, desde afuera la sala que alberga los libros más valiosos, tras recorrer largos y elegantes pasillos.

En la sala de lectura se respira un ambiente castellano. Tiene además dos vestíbulos decorados con murales (pinturas y dibujos gouache) que por invitación realizó en 1941 el brasileño Candido Portinari con la idea de que la sala de la división iberoamericana tuviera en cuenta a los países donde se habla castellano y portugués. Nos sentamos en una mesa de trabajo rodeados de cientos de libros.

Alejandra, hija del maestro Matiz, procede a abrir el tesoro que cambiaría en los siguientes minutos de dueño. El paquete contenía las fotografías escogidas por un comité curatorial de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos para formar parte de la emblemática colección.

Historia, fidelidad, negativos…

El grupo de cinco fotografías fue impreso en Bogotá, en papel Hannemühle, Photo Rag Baryta de 325 gramos, que tiene una garantía de durabilidad de 240 años , en el taller de la artista Juanita Carrasco, conocida por su experiencia en este tipo de labor y quien trabaja mancomunadamente con algunos de los más destacados fotógrafos colombianos.

Con el apoyo de la italiana Noris Lazzarini, quien viajó a Colombia invitada por la Fundación Matiz para revisar la impresión de las imágenes, y de la mano de su equipo de trabajo, Carrasco cuidó cada detalle para respetar la fidelidad de lo que quiso registrar el artista, sacando a la fotografía del mundo digital, y del negativo para plasmarla de manera artesanal en el papel.

Las fotografías vienen protegidas como si fueran lo que son, un tesoro. Nos ponemos guantes y enseñamos el contenido del paquete. Cinco fotografías seleccionadas con esmero, entre los cientos que son el legado del fotógrafo mas importante de nuestra historia. Por supuesto entre ellas se encuentra su fotografía mas icónica: La Red o El Pavo Real del Mar, tomada a un pescador extendiendo su atarraya en la Ciénaga Grande de Santa Marta en 1945, luego una fotografía de una niña corriendo sobre un puente “Palafitos” como la bautizó el maestro.

Seguimos descubriendo el contenido del paquete con una imagen de la zona bananera y una de obsequio que se titula “El Quijote Mexicano” -la única que no fue tomada en Colombia y que pertenece a la etapa en la que el gran artista de la lente vivió en México, hacia 1941.

Por último se encuentra el retrato titulado por Matiz “Niño vendiendo revistas”. La imagen de un infante en un puesto de revistas que refleja el estilo de vida de la Bogotá de los años 60, al parecer ubicado en la Avenida Jiménez a la altura de la carrera quinta. Se aprecian las revistas Time y Life -publicación de la que casualmente Matiz fue reportero gráfico durante su estadía en México- el diario La República, un aviso que dice: “Comando de Juventudes Conservadoras”. El niño tiene una olleta de chocolate en su mano y se esta agachando aparentemente para atender a un cliente. Al lado una campesina con alpargatas está concentrada en los productos de su venta. Esta imagen fue la última en entrar en la selección cuyo objetivo persigue tener una muestra representativa del registro fotográfico realizado por Matiz sobre Colombia.

Los técnicos y curadores revisan minuciosamente el material entregado, la calidad de impresión. Emocionados pero en silencio esperamos el veredicto final. Luego de confirmar que la entrega cumple con todos los requerimientos, comentamos entre nosotros sobre la importancia que reviste este acontecimiento para Matiz y para Colombia, no sólo por encontrar la inmortalidad de pertenecer a una de las más importantes colecciones del mundo, sino por el acceso que puede tener el público a disfrutar de esta colección, admirarla y estudiarla. Por azar, o por cualquier otro motivo, esta adquisición se da justo a los seis días del centenario del natalicio de Matiz en Aracataca, en el lomo de un caballo.

Al final nos hacen una visita guiada en la que nos cuentan sobre las maravillas que alberga la biblioteca. Nos tomamos unas fotografías del grupo para registrar este momento histórico. En un mundo obsesionado por las selfies, fotos digitales, instantáneas carentes de magia, nos preguntamos los privilegiados que vivimos esta transacción cultural, si las nuevas generaciones apreciarían la importancia de preservar el acervo cultural de estos tiempos. Esa pregunta de repente carece de sentido. El único sentido y motivo de orgullo es confirmar la trascendencia de un arte que llegó a Washington, para conservar el legado de un gran maestro.


Ver tambien: Obras de Leo Matiz Espinoza





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